Éxodo Energético: La Petrolera Roch Abandona Tierra del Fuego
La empresa notificó su retiro de las áreas Río Cullen, Las Violetas y Angostura, profundizando la crisis del sector.
ECONOMÍAPOLÍTICA


Roch confirmó su salida de tres áreas hidrocarburíferas mientras el Gobierno intenta frenar la retirada. La crisis de los yacimientos convencionales vuelve a golpear a una provincia cada vez más relegada frente a Vaca Muerta.
La salida de la petrolera Roch de Tierra del Fuego terminó de confirmar algo que en el sector energético ya se comentaba desde hace meses: la provincia empezó a perder atractivo incluso para empresas que durante años explotaron hidrocarburos en la isla. La compañía avanzó formalmente con el abandono de las áreas Río Cullen, Las Violetas y Angostura, profundizando un proceso de desinversión que vuelve a poner en alerta al sector productivo fueguino.
El movimiento expone mucho más que una decisión empresaria aislada. Lo que aparece detrás es el desplazamiento progresivo de capitales hacia Vaca Muerta y los desarrollos no convencionales, mientras los yacimientos maduros de Tierra del Fuego empiezan a quedar fuera de la prioridad de las petroleras. La ecuación es brutalmente simple: mayores costos, menor rentabilidad y una provincia periférica cada vez más difícil de sostener dentro del nuevo mapa energético argentino.
Desde el Gobierno provincial intentaron contener el impacto político asegurando que la retirada no puede concretarse unilateralmente. El Ministerio de Energía rechazó el pedido de reversión automática y ratificó que Roch deberá continuar haciéndose cargo de cánones, mantenimiento y pasivos ambientales hasta que el Estado apruebe formalmente el proceso.
Sin embargo, la señal ya está dada. Y es una señal delicada para una provincia que depende fuertemente de la actividad hidrocarburífera, tanto por empleo como por ingresos fiscales y abastecimiento energético. La preocupación no gira solamente alrededor de la producción actual, sino sobre el mensaje que deja la retirada de una operadora histórica: Tierra del Fuego dejó de ser competitiva frente a otras regiones energéticas del país.
La contradicción golpea de lleno sobre el discurso oficial. Durante años, la gestión de Gustavo Melella defendió la idea de consolidar soberanía energética, atraer inversiones y ampliar la matriz productiva provincial. Pero mientras el Gobierno intenta sostener esa narrativa, la realidad empieza a mostrar empresas reduciendo operaciones, áreas maduras abandonadas y capitales migrando hacia Neuquén y los beneficios del RIGI nacional.
En el sector petrolero fueguino hay además otra preocupación silenciosa: el empleo. Cada proceso de reversión o retiro empresarial abre interrogantes sobre continuidad laboral, mantenimiento de infraestructura y sostenimiento de servicios asociados. Aunque por ahora no se anunciaron despidos masivos, el antecedente de otras provincias muestra que estos procesos rara vez terminan sin impacto sobre trabajadores y contratistas.
El trasfondo nacional también influye. La política energética del gobierno de Javier Milei aceleró una lógica de concentración de inversiones en proyectos de alta rentabilidad inmediata, dejando cada vez menos espacio para áreas convencionales de menor productividad. En paralelo, informes internacionales y sectores económicos empezaron a cuestionar abiertamente el esquema de subsidios y promoción industrial fueguino, aumentando todavía más la incertidumbre sobre el futuro económico de la provincia.
Lo más llamativo del caso Roch es que apenas meses atrás la empresa todavía negociaba posibles extensiones de concesión hasta 2036 y hablaba públicamente de continuidad operativa. El giro repentino dejó expuesta la velocidad con la que cambió el escenario energético nacional y la fragilidad de las condiciones locales para sostener inversiones.
En Tierra del Fuego el problema adquiere otra dimensión porque la energía no representa solamente un negocio. La producción de gas y petróleo atraviesa empleo, industria, abastecimiento y equilibrio fiscal. Cada empresa que reduce actividad no sólo deja menos inversión: también debilita una estructura económica que desde hace años muestra dificultades para encontrar alternativas de desarrollo sostenibles.
Mientras tanto, el Gobierno provincial intenta evitar que la salida de Roch se transforme en un símbolo político de algo más profundo. Pero en una provincia que acumula conflictos salariales, caída de recursos, tensión energética y empresas replanteando su permanencia, cada retiro empresario empieza a leerse como parte de una misma señal de alarma.
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