La Legislatura le Arranca el "Grifo" a Melella: Dictamen para la Ley de Goteo

Municipios y gremios logran un avance histórico para garantizar transferencias automáticas ante el manejo discrecional de fondos.

ECONOMÍAPOLÍTICARIO GRANDEUSHUAIA

4/30/20262 min read

En Tierra del Fuego, la discusión política empieza a girar cada vez más alrededor de un eje tan clásico como determinante: el control de los recursos. Y en ese terreno, la llamada “Ley de Goteo” no es un detalle técnico, sino una señal de conflicto abierto.

El avance del proyecto en la Legislatura de Tierra del Fuego, impulsado por gremios y municipios con respaldo de firmas, pone en evidencia una desconfianza creciente hacia la administración del Ejecutivo. No se trata solo de una herramienta para ordenar pagos: es, en esencia, un intento de limitar la discrecionalidad del gobierno en el manejo de la caja.

Y cuando la política empieza a discutir cómo se reparte el dinero, lo que está en juego no es solo gestión. Es poder.

El trasfondo no es menor. La provincia arrastra tensiones fiscales y una dependencia estructural de recursos que no siempre alcanzan.
En ese contexto, el manejo de fondos se vuelve un instrumento clave: permite priorizar, postergar o condicionar. Justamente lo que ahora distintos sectores buscan acotar.

La narrativa que impulsa la ley es clara: garantizar previsibilidad salarial, evitar atrasos y dar certezas a trabajadores estatales. Pero la contracara es igual de evidente: quitarle margen de maniobra al Ejecutivo.

Para el gobierno de Gustavo Melella, la iniciativa puede leerse como una intromisión directa en sus facultades. Para sus impulsores, en cambio, es una respuesta a lo que consideran una administración opaca o, al menos, poco previsible.

En paralelo, la adhesión al RIGI aparece como otro capítulo de la misma historia, aunque con una narrativa completamente distinta. Allí, el discurso oficial se vuelve optimista: atraer inversiones, dinamizar la economía, generar empleo.

Sin embargo, la convivencia de ambos debates deja una contradicción difícil de ignorar.

Por un lado, se promueve un régimen para grandes capitales bajo la promesa de estabilidad y reglas claras. Por el otro, actores locales reclaman justamente eso: previsibilidad en el manejo de recursos básicos como los salarios o los servicios esenciales.

La pregunta surge sola: ¿se puede garantizar seguridad jurídica para las inversiones mientras se discute la previsibilidad interna del propio Estado?

El riesgo es que la política quede atrapada en un doble estándar. Uno que ofrece certezas hacia afuera y discute reglas hacia adentro.

En definitiva, la “Ley de Goteo” y el RIGI no son debates aislados. Son dos caras de una misma tensión: quién controla los recursos, bajo qué reglas y con qué nivel de transparencia.

Y cuando esa discusión se vuelve central, lo que está en juego ya no es solo la gestión de gobierno. Es la confianza en cómo se administra lo público.